EL MITO

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Desde su remoto origen, el hombre se distingue del resto de los seres vivos por la superioridad de su especie que responde a características tales como: conciencia de sí y de su destino, raciocinio, creatividad, y su rico mundo imaginario. De este último da cuenta el humano en sus más lejanos tiempos, y como comentamos en un capítulo anterior, aquella huella dejó su impronta en el entretejido de relatos y rituales ejercidos, generalmente al crepúsculo, al descanso en derredor del fuego de las hogueras que los unía corporal y emocionalmente. Allí los grupos tribales se hacían fuertes, cohesionados y arraigaban sus creencias.

    El mito no era más que aquel mundo mágico de la creencia, que emergía de una tierra novedosa e inasible, aún no modificada por el conocimiento científico y en donde el hombre trataba de explicar rudimentariamente los misteriosos sucesos naturales que le acontecían, intentando dar explicación racional desde su imaginario a todo: las variaciones climáticas, los fenómenos biológicos de cualquier naturaleza, la suerte o incertidumbre del destino humano, y llevándose por sus deseos, la creación de deidades bienhechoras o implacables, felices o enojadas, y consecuentes con su sensibilidad, su susceptibilidad y la naturaleza de su pueblo.

    Mytho o mythos,  en su significación de “palabra”, en griego, se diferenciaba de “logo”, que también era “palabra”. Logo era la palabra en cuanto meditada o razonada, y tenía que ver con lo coloquial, con el lenguaje de uso. Mytho, en cambio, era la palabra secreta, aquella a la cual sólo podían acceder los del grupo de pertenencia, los que estaban esclarecidos sobre el tema, o sea, los que desde su punto de vista sabían el por qué de la erupción de un volcán, o de la ferocidad de un dios, o de los alcances de su beneficio y amparo.

      En la práctica, la  “y”, debía sonar muy bajito, casi como un susurro, la “t” y la “h”, al igual que en el inglés se pronunciaban como una “d”, muy suave, toda la palabra sonaba apenas audible y suave: “mido”, y entonces el gran secreto y el misterio sólo sería escuchado y encerrado en la comprensión de la propia tribu, formando parte de la reliquia. Mytho, palabra prohibida, hoy se encuentra en los diccionarios como “discurso o relato”. Y se asocia a aquellos primeros relatos, producto de sucesos que partían del imaginario colectivo, el que dio origen a la leyenda, la fábula, el cuento maravilloso, la sentencia moral, la fe religiosa, es decir, a partir de aquellas narraciones orales primarias referidas y replicadas, modificadas en esa réplica a través del paso de los tiempos y de las diferentes culturas, primer sustento y primera voz, de lo que hoy conocemos como literatura. La Literatura como ciencia, parte del relato oral de aquel mundo imaginario.

 

De: “El lenguaje es un problema espiritual”

Derechos autorales reservados: Nora M. Sielas  -libro en proceso-

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Esta es nuestra página interactiva: ¿Podrías recordar una fábula, una leyenda, o simplemente referirnos una anécdota personal?, serás parte de esta historia…

 

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