Buscando al gran cuentero de la historia…

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¡Oh, magia! El homo ¡Habla!

   La voz del primer homo se hizo menos gutural, más articulada y sofisticada, inventaba su propio lenguaje dejando atrás aquellos balbuceos primarios. La vida era ahora diferente, el Sapiens hablaba cada vez mejor y era perspicaz: migraba si el paisaje le era inhóspito, o sembraba la tierra y domesticaba animales si el paisaje le era pródigo. Su dieta había cambiado de herbívora a omnívora, entonces era más alto y elegante, sus rasgos se iban puliendo, refinando, y de pronto, se hallaba inserto en el punto culminante de sus progresos: su sapiencia ¿Qué más pedirle al destino?

   Homo se encontró un día pensando y hablando su propio pensamiento, y ni se asombró; ya su historia había dado un giro fundamental.

¿De qué hablaba el primer Sapiens Sapiens? aunque no lo sabemos, bien podemos suponerlo:

De cosas inmediatas como las inclemencias del tiempo, de cómo conseguir comida, o de algo menos racional, pero igual de necesario: hablaba para comunicarse, fijar dominios, y para conquistar a la pareja. También el habla le ayudaría a explicar a sus congéneres aquellos fenómenos que sus razonamientos no podían descifrar: el sol, la luna, la imponencia del cielo, los desastres naturales, la vida y la muerte. Con aproximadas respuestas a tantos interrogantes, y con una fluidez básica hacia su apretado clan, Homo Sapiens se atrevió a poner los primeros pilares de su civilización en la tierra.

   Por la tarde, a la caída del sol y cuando ya la tarea de recolección o caza habían cesado y el día ya tomaba forma de noche, se encendía el fuego de las hogueras y los hombres se sentaban en derredor de ella a descansar en el suelo, a plena luz de las estrellas. Hablaban rudimentariamente de las experiencias vividas aquel día, del peligro o la fortuna que los había acompañado en la jornada. Y también de lo inexplicable, porque lo inexplicable era entonces permanente y mágico, aparecía en todo momento, en todo relato. Al calor de las historias recientes, crujientes de fuego, ríspidas, acaso elementales y toscas, los hombres se dormían esa noche, envueltos en su propia imaginería, y ahí, justamente, remontaban el vuelo hacia los pensamientos más remotos e insospechados que nunca se acotaban, que siempre irían por más…

 

Fragmentos de “El lenguaje es un problema espiritual”, libro de autor en proceso: Nora Sielas 2015

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Este es nuestro momento interactivo. Te invitamos a participar con tu opinión:

¿Qué dialogaban los sapiens según tu criterio?, dejá volar tu imaginación y aproximanos a esas charlas imperdibles.

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